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Desinfección de mascarillas con peróxido de hidrógeno vaporizado


A lo largo de la pandemia de Covid-19, los Centros de Salud de Latinoamérica han tenido que batallar no sólo con el virus, sino también con la falta de insumos médicos de protección laboral, Por ello he querido traer este articulo para que conozcan el proyecto que se desarrolla en Estados Unidos para el Control y la Prevención de Enfermedades y el proceso de desinfección

Expertos estadounidenses han recomendado estrategias para conservar el equipo de protección personal, incluida la descontaminación y la reutilización de mascarillas desechables N95, ante la carencia de material de protección sanitaria en las instalaciones médicas norteamericanas.

De hecho, esa situación no sólo afecta por lo que vemos países del tercer mundo y de acuerdo a los resultados de una encuesta realizada, recientemente, por la Asociación de Profesionales en Control de Infecciones y Epidemiología constataron dicha falta de este material médico.

En vista de esta grave situación, miembros de la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington, el Hospital Judío Barnes y BJC Healthcare han ideado un sistema para desinfectar las mascarillas desechables N95 con el objetivo de que los trabajadores de la salud puedan reutilizar su propia mascarilla hasta 20 veces. Para el procedimiento se emplea peróxido de hidrógeno vaporizado.


FUNCIONAMIENTO DEL PROCESO DE DESINFECCION

En lo adelante, describiremos el proceso de desinfección que se ha puesto en marcha en EEUU, el cual comienza al final de un turno. Un proveedor de atención médica se quita la mascarilla N95 en el cuarto de servicio sucio de esa unidad y la coloca en una bolsa de esterilización (Crosstex) hecha de fibra de polietileno transpirable (Tyvek by DuPont) en un lado. En el otro lado de la bolsa sellada, el trabajador escribe su nombre o número de identificación de empleado, hospital, departamento y ubicación de la unidad y coloca la bolsa en el contenedor de recolección sucio.

Un trabajador de limpieza designado que usa la protección adecuada, recoge los contenedores dos veces al día y los lleva a una sala de desinfección especialmente diseñada y sellada, construida en cuatro días, según señala en el informe el Dr. Eckhouse.

Allí las bolsas están dispuestas, con la parte transpirable hacia arriba, por unidad clínica en bastidores de alambre. Un generador de vapor de peróxido de hidrógeno (Bioquell Z-2), que la Universidad de Washington ya poseía para descontaminar equipos, llena la habitación con el químico.

El personal laboral puede utilizar su mascarilla hasta tres semanas porque estudios anteriores muestran que la desinfección más de 20 veces podría alterar el ajuste de la misma.

Después de 4,5 horas de desinfección, un trabajador de limpieza mueve los estantes de las máscarillas a otra área que tiene un ventilador para desgasificar el peróxido de hidrógeno, donde las máscaras permanecen hasta que los sensores registran una lectura cero. Las bolsas se devuelven a sus respectivas unidades en un contenedor descontaminado, terminando un proceso que dura aproximadamente siete horas.

Desde que el programa comenzó el 1 de abril en el departamento de emergencias judío de Barnes, se expandió en solo dos semanas a departamentos clínicos adicionales y otros hospitales en el sistema, lo que el líder del proyecto y coautor del estudio Andrew Pierce llamó "un logro inmenso".

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