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El virus del papiloma humano en la historia

Las verrugas genitales fueron descritas hace siglos. Los romanos llamaban "higos" a las lesiones condilomatosas perianales y las consideraban como un signo inequívoco de practicar relaciones receptivas anales. Posteriormente disminuyó la incidencia de infección por virus del papiloma humano (VPH) durante toda la Edad Media, posiblemente debido a la menor tolerancia que existía en la sociedad, situación que persistió durante el puritanismo y la revolución industrial. No se consideró su transmisión sexual hasta 1956, cuando se comprobó la aparición frecuente de verrugas genitales en los soldados de la guerra de Corea que habían tenido relaciones sexuales con mujeres afectas de condilomas. En los años 60 hubo un gran incremento de las infecciones por VPH, situación que persiste en la actualidad.

La naturaleza infecciosa del VPH no fue descrita hasta 1894. Se supuso causada por un virus en 1907 pero el virus del papiloma humano (VPH) no fue observado en el microscopio electrónico hasta 1949. Actualmente no existe ningún método para cultivar el VPH en tejidos.

Los condilomas acuminados constituyen una de las enfermedades de transmisión sexual más frecuentes en todo el mundo. La incidencia máxima ocurre en hombres y mujeres jóvenes de 18 a 28 años. La incidencia se ha ido incrementando constantemente desde hace 50 años. Cerca del 1% de los adultos con vida sexual activa ha padecido o padece verrugas venéreas. Los urólogos tratan alteraciones del pene desde la fimosis del niño hasta disfunciones sexuales en la madurez, sin embargo no siempre sabemos detectar una infección subclínica por VPH de alto riesgo en varones cuyas parejas tienen lesiones preneoplásicas e incluso cáncer de cuello de útero, vulva o vagina.

La infección por VPH puede ser clínica (las verrugas de los genitales) y subclínica (demostrable tras la aplicación de ácido acético al 5%) en cervix, vagina, vulva, periné, ano y pene. También puede incluir una asociación del VPH con neoplasias intraepiteliales de la vulva, vagina, ano, cervix y pene; y con la Papilomatosis Juvenil Laríngea que aparece años después de un parto vaginal de mujeres con infección clínica evidente en vagina, cervix o vulva. Recientemente se ha demostrado la presencia de DNA de VPH en prácticamente cualquier neoplasia escamosa de los tractos genitales masculinos y femeninos. Debido a estas asociaciones con enfermedades malignas, el diagnóstico y tratamiento de la infección por VPH ha adquirido mayor importancia. Se estima que la incidencia en todo el mundo es de 400.000 a 500.000 casos de cáncer de cervix uterino por año.

A lo largo de la década pasada se ha demostrado un incremento del 1000% en las infecciones por VPH.

La infección por VPH se relaciona con otras enfermedades de transmisión sexual (ETS) y su prevalencia se correlaciona con la promiscuidad sexual. Son factores de riesgo asociados con la infección por VPH el número de parejas sexuales, la frecuencia coital, si la pareja sexual tiene verrugas genitales, el número de otras parejas sexuales de la pareja sexual y las infecciones por otras ETS. El pico de frecuencia ocurre entre los 15 y los 35 años. Entre el 50% y el 70% de las parejas sexuales de las mujeres con VPH tienen o tendrán infección por VPH.

En Estados Unidos los VPH constituyen la segunda enfermedad más costosa tras la infección por VIH, 6 billones de dólares por año, sin incluir los costes indirectos (pérdidas de tiempo y salarios) ni los costes intangibles (depresiones, ansiedad, relaciones rotas, etc).

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